EMPRESAS

Los retos de la empresas familiares ante la crisis del Covid-19

La crisis generada por la pandemia nos debe poner en alerta y activarnos.

Antonio López-Triviño Junco, Consultor de Empresa Familiar y Abogado.

02/06/2020

Han pasado ya unas semanas desde el inicio de esta pesadilla que nunca esperábamos vivir y creo que todos hemos aceptado la situación en la que estamos y, por tanto, hay que reaccionar lo más rápido posible y ponernos a trabajar.

¿Cómo podemos hacerlo?

En las empresas familiares este trabajo se desarrolla en dos sistemas: la familia y la empresa.

1.- En cuanto a la familia, lo primero que tienen que asumir todos los integrantes es que, en mayor o menor medida, van a resultar afectados por la situación en la que nos encontramos, por lo que ahora “toca” estar más unidos que nunca.

¿Cómo podemos trabajar por lograr esa unión? Creo que es una buena terapia repasar la historia de la familia y la empresa y cómo se afrontaron las crisis pasadas. Seguro que como a lo largo del tiempo todo no habrá sido de “color de rosa”, podemos aprender de las crisis anteriores que haya podido pasar la familia y la empresa para comprender como afrontar la situación en la que nos encontramos. A los “senior” de la familia les toca trabajar en este aspecto, aportando datos de gran valor y experiencias pasadas para salir adelante.

Como bien expresa mi profesor y amigo Manuel Pavón, Consejero de Empresas Familiares y ex responsable del departamento de Empresa Familiar de Garrigues, para superar esta situación habrá que trabajar dentro de la familia la resistencia (esto es, la cualidad física que posee la persona y que le permite soportar un esfuerzo durante un período prolongado de tiempo) y la resiliencia (esto es, la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas), manteniendo todos los miembros de la familia una información fluida de aquello que les afecte.

Si tenemos hijos pequeños, hay que aprovechar que tenemos la oportunidad de convivir más con nuestros ellos para recordarles cuáles son los valores que como familia han llevado a la empresa hasta aquí y advertirles de las verdaderas prioridades de la vida.

Caso de que la empresa familiar esté compuesta por varias familias o con integrantes que vivan en ciudades diferentes, toda la información hay que canalizarla a través de medios telemáticos, mediante reuniones virtuales de la familia.

Es más, en este tiempo las reuniones del Consejo de Familia habrá que realizarlas por esta vía, siendo fundamental mantener este vínculo y que fluya la información. No sólo solo hay que explicar qué vamos a hacer, sino explicar el por qué lo vamos a hacer. Recordar que “no comunicar” es “comunicar”.

La familia deber ser consciente que la caja de la empresa disminuirá, que no se podrán repartir dividendos y que necesitaremos “abrocharnos el cinturón”, algo que la segunda o tercera generación es probable que nunca hayan conocido. Es el momento de la colaboración entre generaciones para que todos puedan aportar su talento.

Es muy importante ser consecuentes con nuestros actos. Si decidimos aplicar un ERTE a nuestra plantilla lo coherente será rebajar también nuestros sueldos como directivos de la empresa. Recordar que a las empresas familiares se las reconoce, entre otras cosas, por ser “empresas con alma”.

También es el momento de aprovechar el tiempo y formarnos en todas aquellas materias que sean de interés para los integrantes de las familias empresarias (Nociones de economía, órganos de gobierno de la familia y de la empresa, sucesión, fiscalidad, etc.).

Recordad a Henry Ford: “Ir juntos es un comienzo; mantenerse juntos, progresar y trabajar juntos, un éxito”

2- Respecto a la empresa, los desafíos actualmente son impresionantes, pero lo más importante ahora es tener serenidad y sentido común: Tras la tempestad siempre llega la calma y el mundo seguirá.

Por tanto, ha llegado la hora de adaptarnos a la situación y empezar a tomar medidas

La primera y principal es controlar mucho más si cabe la tesorería, estando atentos a la posible morosidad de nuestros clientes, eliminando gastos superfluos, reestructurando los gastos fijos de la compañía y evaluando todos los posibles riesgos de la sociedad.

Habrá que ponderar muy mucho el “cash” de la empresa, convirtiendo todas las deudas que tengamos a corto plazo en deudas a largo plazo, aprovechando todas las líneas de financiación habituales de la sociedad junto con las nuevas habilitadas por el gobierno de la nación. Si es necesario, acordar por parte de los propietarios de la compañía que no se van a repartir dividendos para aumentar los fondos propios de la empresa.

Es el momento igualmente de revisar las condiciones y los plazos de cumplimiento de todos los contratos, especialmente los de arrendamiento, para intentar dilatarlos en el tiempo y/o reducir sus importes.

Es también la ocasión de comprometer al equipo directivo, manteniendo empatía con ellos, facilitándoles elementos de protección para cuidar su salud y, sobre todo, para cuidar la “moral de la tropa”. Igualmente hay que mantener una comunicación muy fluida entre la dirección y los propietarios, aprovechando todas las habilidades y cualidades de cada uno de ellos. Esta situación se superará si todos remamos en la misma dirección.

Producir sólo lo que se venda, adaptando nuestras líneas de negocio a aquello que se pueda vender fácilmente y que haga nutrir las necesidades de tesorería de la empresa.

Puede ser el momento de estudiar y “afinar” nuestra estructura jurídica, creando una sociedad holding con todas las empresas de la familia, o a lo mejor es conveniente realizar alguna escisión total o parcial de nuestras compañías, poniendo siempre en consonancia esta reestructuración jurídica con la fiscal para aprovechar todas las herramientas que nos permitan realizarlas con el menor coste posible, al igual que la reordenación laboral de los integrantes de nuestra plantilla, reduciendo costes o externalizando algunas de nuestras áreas para optimizar recursos.

Es también la ocasión de tratar con nuestro director financiero cuáles son los posibles escenarios de la empresa en función de cómo vaya evolucionando la situación, utilizando todas las posibles vías de generación de recursos. Hay que ser realistas y “no nos hagamos trampas al solitario”.

Lo más importe es que la empresa tendrá que adaptarse al mercado y valorar qué necesidades van a surgir en el futuro y cómo podremos atenderlas para estar preparados cuando esto pase.

Ha llegado el momento también de la generosidad y de la responsabilidad social corporativa, entendida no solo como la devolución a la sociedad de todo lo que somos capaces de generar, haciendo donaciones o adaptando nuestras líneas de producción a la realización de mascarillas, batas, guantes, respiradores, mamparas de plástico o cualquier otro producto para ayudar a combatir esta pandemia, o de ceder nuestros hoteles o nuestras instalaciones para el alojamiento de enfermos o sanitarios.

Es la ocasión de la responsabilidad social hacia nuestros trabajadores. Como antes decía, en las empresas familiares los dueños conocen con nombres y apellidos a sus trabajadores así como sus necesidades. Siempre han respondido cuando se ha solicitado de ellos mantener los puestos de trabajo, como así se puso de manifiesto en la pasada crisis de 2008 aunque esto no era una noticia que “vendiera” en los medios de comunicación. Pongamos en valor también esta actitud de los integrantes de las familias empresarias.

Hay que acordarse de las palabras de John D. Rockefeller: “La Reputación es hacer las cosas bien y que se sepa”

Ha llegado sin dilación el momento de remangarse la camisa y de trabajar el doble y cobrar sólo la mitad. Nadie dijo que la vida del empresario fuera fácil.

Prepararse para salir fortalecidos. Revisar nuestro plan comercial, nuestros protocolos de actuación, preparar la organización y redefinir estrategias. No podemos esperar a que pase esta situación, hay que aprender a trabajar bajo la “lluvia y la tormenta”.

Mucha fuerza y ánimo para superar esta situación, recordando que “una crisis es siempre una oportunidad”.

Y una reflexión final de Winston Churchill: “Muchos miran el empresario como el lobo que hay que abatir, como la vaca que hay que ordeñar, pero pocos lo ven como el caballo que tira del carro.

Demos buen ejemplo como empresarios familiares.

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